jueves, 27 de julio de 2017

Carta semanal del Arzobispo de Sevilla

"Creo en la Santa Iglesia"
 
Hace algún tiempo, una revista de alcance nacional me pidió que le pusiera por escrito qué significa para mí la Iglesia. Pienso que puede ser bueno que yo comparta aquella reflexión con los fieles que Dios ha confiado a mi cuidado pastoral, máxime en estos tiempos en que no pocos creen que para ser cristiano no es necesario estar visiblemente en la Iglesia, que supuestamente sería un estorbo o una institución prescindible. Son aquellos que dicen "Cristo sí, la Iglesia no".
Es verdad que en el Credo, la Iglesia es uno de los artículos de la fe. Para mí, sin embargo, la Iglesia creída, antes que concepto, idea o doctrina, es una experiencia vital, una experiencia de vida sobrenatural compartida. Con el Concilio Vaticano II, entiendo la Iglesia como la Encarnación continuada, como el sacramento de Jesucristo, su prolongación en el tiempo. La Iglesia es Cristo que sigue entre nosotros predicando, enseñando, acogiendo, perdonando los pecados, salvando y santificando, hasta el punto de que, como escribiera el P. De Lubac, si el mundo perdiera a la Iglesia, perdería la Redención.
Para mí la Iglesia no es el intermediario engorroso del que uno trata de desembarazarse por inútil y molesto. Al contrario, es el ámbito necesario y natural de mi encuentro con Jesús y la escalera de mi ascensión hacia Dios, en frase feliz de san Ireneo. Sin ella, antes o después, todos acabaríamos abrazándonos con el vacío, o terminaríamos entregándonos a dioses falsos.
Para mí además, es el puente que salva la lejanía, la distancia y la desproporción que existe entre el Cristo celestial, único mediador y salvador único, y la humanidad no glorificada y peregrina. Con san Cipriano de Cartago, concibo la Iglesia como el regazo materno que me ha engendrado y que me permite experimentar con gozo renovado cada día la paternidad de Dios.
Al sentirla como madre, la siento también como espacio de fraternidad. Junto con sus otros hijos, mis hermanos, la percibo como familia, mi familia, el hogar cálido que me acoge y acompaña, como la mesa en la que restauro las fuerzas desgastadas y el manantial de agua purísima que me renueva y purifica. Recibo su Magisterio no como el yugo o la carga insoportable que esclaviza y humilla mi libertad, sino como un don, como una gracia impagable, como un servicio magnífico que me asegura la pureza original y el marchamo apostólico de su doctrina.
Vivo mi pertenencia a la Iglesia con alegría y con inmensa gratitud al Señor que permitió que naciera en un país cristiano y en el seno de una familia cristiana, que en los primeros días de mi vida pidió a la Iglesia para mí la gracia del bautismo. Si no fuera por ella, estaría condenado a profesar la fe en solitario, a la intemperie y sin resguardo. Gracias a ella, me alienta y acompaña una auténtica comunidad de hermanos.
Vivo también mi pertenencia a la Iglesia con orgullo, con la conciencia de ser miembro de una buena familia, una familia magnífica, una familia de calidad, pues si es verdad que en ella hay sombras y arrugas por los pecados de sus miembros, es también cierto que la luz, ayer y también hoy, es más intensa que las sombras, y que la santidad, la generosidad y el heroísmo de muchos hermanos y hermanas nuestros es más fuerte que mi pecado y mi mediocridad.
Vivo además mi pertenencia a la Iglesia con amor, no referido a una Iglesia soñada e ideal, que sólo existirá después de la consumación de este mundo, sino a esta Iglesia concreta que acaba de entrar en el tercer Milenio del cristianismo bajo el cayado de los papas san Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Santo Padre Francisco. Y porque la amo, me duelen hasta el hondón del alma las caricaturas injustas y grotescas y las desfiguraciones gratuitas y malévolas de quienes hablan de ella sin conocerla, sin vivir en ella y desde ella. Me duelen las campañas de quienes no pierden la ocasión, aún la más esperpéntica y disparatada, para desacreditarla, decretando que su ciclo vital toca a su fin y mellando la confianza de los fieles en sus pastores. Me duelen, sobre todo, los zarpazos de sus propios hijos y las críticas desconsideradas y negativas que no nacen del amor.
Quisiera vivir mi pertenencia a la Iglesia con responsabilidad como cristiano y como pastor, de manera que mi vida sea una invitación tácita a penetrar en ella, conocerla, vivirla y sentarse a su mesa. Quisiera, por fin, que lo que la Iglesia es para mí, lo sea también a través de mí, es decir, regazo materno y cálido hogar, puente, escalera, lugar de encuentro, mesa fraterna, manantial y, sobre todo, anuncio incansable del Señor a mis hermanos, muy especialmente a aquellos que la propia Iglesia ha confiado a mi ministerio.
Deseándoos un feliz día del Señor, para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
+ Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla.


miércoles, 26 de julio de 2017

Misa mensual ante el Cristo de Torrijos

El próximo viernes 28 de julio, Santa Misa mensual ante el Señor de Torrijos en su capilla, comenzando a las 19:45h. con el rezo del Rosario.
 
 

sábado, 22 de julio de 2017

Catalogación e inventariado del archivo de la Hermandad

En estos días de verano se está procediendo a la catalogación e inventariado del archivo de la Hermandad. Se trata de una actuación necesaria para la conservación de nuestro patrimonio histórico y documental. Estas labores consisten en la clasificación, descripción y codificación de los documentos, y las están llevando a cabo un grupo de hermanos de forma desinteresada.

jueves, 20 de julio de 2017

Carta semanal del Arzobispo de Sevilla

Os deseo unas vacaciones cristianas y felices.

Queridos hermanos y hermanas:
Algunos habéis comenzado ya el descanso estival. Otros lo haréis en agosto. Es muy probable que en las últimas semanas hayáis dado muchas vueltas al cómo y dónde de vuestras vacaciones. Seguramente habéis consultado a agencias turísticas itinerarios, alojamientos, precios y otras circunstancias. Pensar en ello es importante, pero lo es mucho más pensar qué vamos a hacer, cómo vamos a distribuir nuestro tiempo y qué frutos queremos sacar de estos días de descanso. Permitidme reflexionar con vosotros sobre algunos aspectos en los que tal vez no habéis reparado. No faltan quienes planifican unas vacaciones frenéticas y agotadoras, experimentando las mismas prisas, los mismos ruidos y parecidas tensiones a las que nos acucian a lo largo del año. De esta forma, retornan a sus quehaceres más cansados que cuando marcharon. Para descansar y reponer fuerzas, para comenzar un nuevo curso escolar, pastoral o laboral, necesitamos desconectar de las ocupaciones ordinarias e, incluso, de los lugares de nuestra residencia habitual o trabajo. Para un cristiano, sin embargo, las vacaciones no deben ser un tiempo perdido, ni un paréntesis en nuestro camino de maduración humana y sobrenatural. Son más bien un período necesario para el reposo físico, psicológico y espiritual y un derecho del que todos deberíamos poder disfrutar. Las vacaciones nos ofrecen la oportunidad de crecer, de reconstruirnos por dentro, de recuperar la serenidad y la paz que nos roban las prisas acuciantes de la vida ordinaria. Las vacaciones no pueden ser una pura evasión, ni una dimisión de los sanos criterios morales, o una huida de uno mismo o del servicio a nuestros hermanos. Dentro de unos días, cuatro de nuestros seminaristas irán al Cottolengo en Las Hurdes. Cuatro irán al Santuario de Covadonga, y seis al Reino Unido con las Hermanitas de los Pobres. Cuatro más harán el camino de Santiago con la Delegación diocesana de Pastoral Juvenil, y cuatro marcharán a misiones con el Hogar de Nazaret, dos a Santo Domingo y dos Ecuador. Por último, dos irán al campamento de monaguillos con el Seminario Menor, y tres irán a las colonias de verano con la Hermandad del Rocío de Triana.
Otros muchos jóvenes participarán como monitores en colonias con niños, modos todos ellos magníficos de vivir unas vacaciones provechosas y enriquecedoras en el apostolado o en el servicio fraterno. Las vacaciones tampoco pueden ser un abandono de nuestras obligaciones religiosas, una hibernación de nuestras relaciones con Dios o una huida de Aquél en el que encontramos el verdadero y auténtico descanso. Ello quiere decir que en nuestra relación con Dios no puede haber vacaciones. Todo lo contrario. Al disponer de más tiempo libre, hemos de buscar espacios para la interioridad, el silencio, la reflexión, la oración y el trato sereno, largo y relajado con el Señor. Por ello, son de alabar aquellos cristianos que aprovechan las vacaciones para hacer unos días de retiro en la hospedería de un monasterio o peregrinan a un santuario buscando el silencio y el rumor de Dios que sólo habla en el silencio, y al que podemos encontrar también contemplando las maravillas de la naturaleza. El mar, la montaña, los ríos, el amanecer y la puesta del sol, las noches estrelladas, los animales y las plantas, nos hablan de Dios y pregonan las obras de sus manos (Sal 18,1-7). Otro modo de aprovechar bien las vacaciones es la lectura reposada de un buen libro, que ofrece descanso a nuestra mente y, al mismo tiempo, es semilla fecunda de criterios sanos y positivos, tanto en el plano cultural, como desde la perspectiva de nuestra formación cristiana. Las vacaciones son, por fin, días para el encuentro y la convivencia, para la charla apacible, para compartir la mesa, gozar de la amistad y robustecer las relaciones familiares, que, a veces, durante el año, resultan escasas o insuficientes como consecuencia del trabajo y de las obligaciones de cada día. No quiero terminar sin tener un recuerdo especial, lleno de afecto, hacia quienes no tendréis vacaciones, impedidos por la edad, la enfermedad o las dificultades económicas. Que encontréis en el Señor vuestro reposo y podáis escuchar de sus labios estas palabras tan confortadoras: “Venid a Mí todos los que estáis cansado y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11,28). A todos los demás, os deseo unas felices, fecundas y cristianas vacaciones. Como en el caso de los discípulos de Emaús, el Señor nos acompañará siempre en nuestro camino (Lc 24,13-15). Dios quiera que también nosotros lo descubramos en la Eucaristía, en la que muy bien podríamos participar diariamente en estos días de descanso. Que lo descubramos también a nuestro lado en la playa, en la montaña o en nuestros lugares de origen, a los que muchos retornaremos a la búsqueda de nuestras raíces. Que Dios os bendiga, os proteja y os custodie en su amor. Ojalá todos volvamos con más ganas de trabajar y de ser mejores.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
 
+ Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla.

viernes, 14 de julio de 2017

Fallece José Manuel "el tamborilero"

En el día de ayer falleció José Manuel López Gutiérrez, más conocido como José Manuel "el tamborilero", quien durante más de cincuenta años acompañó a la Romería de Torrijos con su flauta, su tambor y sus inconfundibles sones. Vaya desde estas líneas el público homenaje y reconocimiento de la Real Hermandad de Torrijos a José Manuel, y nuestro pésame a todos sus familiares.
Oramos por su alma al Stmo. Cristo de Torrijos y a su Bendita Madre, Ntra. Sra. de la Estrella Coronada, para que Dios Padre la acoja en la eternidad de su gloria. Descanse en paz.
 
Fotografía: José María Sánchez Villa.

jueves, 13 de julio de 2017

El Coro de Torrijos en la velada de El Garrobo

El Coro de la Real Hermandad de Torrijos participó el pasado sábado 8 de julio en la Velá Flamenca de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Estrella de El Garrobo (Sevilla).
 

 

Carta semanal del Arzobispo de Sevilla

Peregrinación diocesana a Tierra Santa

Queridos hermanos y hermanas:
Entre los días 18 y 25 de septiembre tendrá lugar la peregrinación diocesana a Tierra Santa, en la que yo mismo participaré, si Dios quiere. A esta tierra bendita llegó Abraham en los umbrales de la historia santa. A ella llegó también el pueblo de Israel después de cuarenta años de peregrinación por el desierto; y a ella retornó el “resto de Israel” después del destierro de Babilonia. El israelita piadoso peregrinaba a Jerusalén tres veces al año, anhelaba contemplar las moradas de Sión (Sal 83,1) y experimentaba una alegría indescriptible al pisar los umbrales de Jerusalén (Sal 121,1-2). Pero la más decisiva peregrinación a la tierra de Israel la hizo el Hijo de Dios en la plenitud de los tiempos, al tomar carne humana en el seno purísimo de la Virgen María. En estos lugares santos, se entretejió su existencia histórica, su vida oculta en Nazaret, su predicación y milagros, la fundación de la Iglesia, su pasión, muerte y resurrección. A partir de la ascensión y el envío del Espíritu Santo, inicia la Iglesia su peregrinación de siglos, y muchos cristianos no sólo han seguido los pasos de Jesús, copiando su estilo de vida, sino que seguido también las huellas de su presencia en los mismos lugares en los que tuvo lugar la epopeya de nuestra salvación. La visita a los lugares santos de Palestina es como un sacramento, que hace posible un encuentro especialísimo con Jesucristo, que siendo Dios, se encarnó en un cuerpo como el nuestro, dejándose ver, oír, palpar y tocar, legándonos las huellas preciosas de su presencia entre nosotros. Los discípulos de Jesús creemos todo aquello que los Apóstoles, testigos de los dichos y hechos de Jesús, “vieron y contemplaron tocante al Verbo de la vida” (1 Jn 1,1). Pero se robustece nuestra fe cuando recorremos los lugares de su vida histórica y comprobamos que cuanto nos dicen los evangelios no es un mito, sino algo real. El conocimiento de los lugares en los que se desarrolló la vida santa de Jesús nos acerca a Él, fortalece nuestro amor y nos permite saborear mejor su mensaje y su vida entera. Alguien ha escrito que visitar la tierra de Jesús es como leer un "quinto Evangelio"; y san Gregorio Magno nos dice que "allí es fácil ver con los ojos aquello que en otros sitios se cree por la fe". El beato Pablo VI nos dejó escrito que "esta bendita tierra ha llegado a ser el patrimonio espiritual de los cristianos de todo el mundo, los cuales ansían visitarla, al menos una vez en la vida, para satisfacer su devoción y expresar su amor al Dios hecho niño, adolescente, trabajador y maestro. La escucha de una palabra o un acontecimiento de la vida del Señor en el lugar en que ocurrió, queda más grabada como experiencia única, e impulsa a acudir con más deseo a la Sagrada Escritura”. En nuestra peregrinación a la tierra de Jesús, visitaremos Nazaret, donde el Verbo se hizo carne, y agradeceremos a la Trinidad Santa el don inefable de la encarnación. Allí mismo nos encontraremos con la Sagrada Familia y recibiremos espléndidas lecciones de sencillez, trabajo y silencio. En Belén, adoraremos al Dios hecho niño con el amor de los pastores y los magos. En el Jordán, después de escuchar el mensaje de conversión del Bautista, renovaremos las promesas de nuestro bautismo y, junto al lago de Tiberíades, volveremos a escuchar con nuevos acentos la síntesis más perfecta del Evangelio, las Bienaventuranzas. Por último, antes de subir a Jerusalén, en el Tabor, podremos saborear la condición divina de Jesús y experimentar por anticipado el gozo de su resurrección. En el tramo final de nuestra peregrinación, ya en Jerusalén, con espíritu penitencial, reviviremos las jornadas de la Pasión, precedidas por la institución de la Eucaristía. Acompañaremos al Señor en la agonía de Getsemaní, en el prendimiento, en el juicio inicuo de los sumos sacerdotes y en la Vía Dolorosa. Como los peregrinos medievales, que entraban en la basílica del Santo Sepulcro avanzando de rodillas, con infinita gratitud contemplaremos su muerte redentora y viviremos con alegría desbordante el anuncio de su resurrección, acogiendo con gozo su mandato misionero en la mañana de la Ascensión: “Id al mundo entero y predicad el evangelio a toda criatura” (Mc 16,15). Queridos hermanos y hermanas: a cuantos podáis, os invito de corazón a hacer un esfuerzo y a participar en nuestra peregrinación, haciendo nuestra la petición que unos paganos griegos presentan al apóstol Felipe: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21). Es una oportunidad de gracia que Dios nos ofrece para renovar y dinamizar nuestra vida cristiana, para crecer en amor al Señor y en vigor apostólico. Que María, la Virgen de los caminos de Judea y Galilea, nos conceda vivir esta preciosa experiencia de fe y acompañe y proteja la peregrinación de nuestra Iglesia diocesana.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
+ Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla.

domingo, 9 de julio de 2017

El Carmen de San Leandro con los candelabros de la Virgen de la Estrella

La Stma. Virgen del Carmen de la parroquia sevillana de San Leandro procesionó ayer portando en su paso los candelabros de guardabrisas de Ntra. Sra. de la Estrella Coronada, que fueron cedidos para dicho menester. Estos candelabros son obra de Antonio Díaz Fernández en 1972, volviéndolos a dorar el mismo taller en 1990. Está previsto que sean restaurados el año próximo dentro del programa de conservación integral del paso de nuestra Patrona.
Felicitamos a la Hermandad Sacramental del Carmen de San Leandro por el desarrollo de la procesión.




Fotografías de José Enrique Romero Ríos e Ismael Viega.

sábado, 8 de julio de 2017

XX Maratón de Fútbol-7 "Romería de Torrijos"

Cartel de XX Maratón de Fútbol-7
Los días 4, 5 y 6 de agosto, la Real Hermandad de Torrijos celebra como cada año el maratón de fútbol, que ya suma 20 ediciones, en campo de césped artificial del Polideportivo Municipal Diego de Paz Pazo. Se ha convertido en una cita ineludible en los veranos de Valencina, ya que además de participar, muchos son los vecinos que asisten como espectadores y también colaboran con el ambigú de la Hermandad.
 
Los requisitos para participar son los siguientes:
 
-Cada equipo estará formado por un máximo de 12 jugadores, siendo la edad mínima de 16 años cumplidos a fecha del sorteo. Habrá que presentar una fotocopia del DNI de cada jugador en el momento de la inscripción.
 
-Los equipos deberán inscribirse durante los días 25, 26, 27, 31 de julio y 1 de agosto en nuestra Casa de Hermandad (calle Azucena, 14), en horario de 21h. a 22h.
 
-Cada equipo deberá abonar la cantidad de 100€ para que la inscripción sea efectiva. También habrá que aportar 50€ adicionales en concepto de fianza, los cuales serán devueltos a cada equipo en el momento en el que finalice su participación, siempre y cuando no se haya producido ningún desperfecto en las instalaciones ni el abandono de la competición.
 
-El sorteo tendrá lugar el miércoles 2 de agosto a partir de las 21h. en nuestra Casa de Hermandad.
 
-El campeonato se regirá por la normativa de Fútbol-7 de la Real Federación Andaluza de Fútbol, para lo que contaremos con árbitros federados.
 
-Los premios consistirán en: trofeo patrocinado por World Fitness Center, 15 cajas de botellines y una paletilla ibérica para el primer clasificado; trofeo patrocinado por Miguel Delgado Peluqueros, 10 cajas de botellines y un queso para el segundo clasificado; trofeo patrocinado por Floristería Antonio Mendoza, 5 cajas de botellines y un salchichón para el tercer clasificado, y trofeo patrocinado por Márquez Peluqueros, 5 cajas de botellines y un chóped para el cuarto clasificado.
Además, se obsequiará con un trofeo patrocinado por la Peña Bética de Valencina al máximo goleador del torneo, y con otro trofeo patrocinado por la Peña Sevillista de Valencina al portero menos goleado de la competición.

viernes, 7 de julio de 2017

Carta semanal del Arzobispo de Sevilla

"Amar en la diferencia".
 
Queridos hermanos y hermanas:
El papa Juan Pablo II escribió que “el hombre no puede vivir sin amor”, [pues entonces es]“ para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido… si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente” (RH 10). La vocación al amor está inscrita en nuestro corazón. En esta vida podemos permitirnos fracasar en muchas aspiraciones, pero ningún fracaso tendrá consecuencias tan lamentables como fracasar en el amor. Son cada vez más numerosos los matrimonios que se rompen y las familias desestructuradas. Es frecuente también el fenómeno de las parejas de hecho, las familias monoparentales, la fecundación artificial, los embarazos no deseados, el negocio de la pornografía, el aumento de las enfermedades de transmisión sexual, la anticoncepción, la práctica homosexual, los abusos sexuales y la violencia familiar. Nos encontramos ante una verdadera “emergencia educativa”, de la que nos alertara Benedicto XVI. La crisis del amor humano ha sido descrita por el papa Francisco como un gran “desafío antropológico y cultural” (AL 31-57), un desafío que nos invita a seguir educando a los jóvenes en el amor, con renovado empeño, ayudándoles a valorar y respetar la diferencia y a aceptar el propio cuerpo tal y como ha sido creado (AL285). De ello depende que el amor humano conserve su dignidad y su valor para revelar el amor divino en el nuevo milenio. De ello depende también la dignidad y el misterio de la persona humana, de la que el amor es su expresión y epifanía. Por lo que respecta al significado del cuerpo y de la diferencia sexual, los ataques más directos que está sufriendo el amor humano en nuestro tiempo provienen de la “ideología de género”, que se mezcla en nuestros días con las reivindicaciones de los teóricos de la “revolución sexual” y el “feminismo radical”. El resultado es una mentalización constante, una “colonización ideológica”, como ha señalado el papa Francisco, que se infiltra en todos los poros de nuestra sociedad, generando en nuestros jóvenes una tremenda confusión y desorientación personal.
El postulado fundamental de la ideología de género, según Judith Butler, tal vez su teórica principal, es eliminar el supuesto de que los seres humanos se dividen en dos sexos. Las diferencias hombre-mujer, más allá de las diferencias anatómicas, no proceden de la naturaleza. Son producto de la cultura de un país y una época. Son una convención social. Hay que liberar, por tanto, a la persona de sus condicionamientos biológicos. La naturaleza no debe imponer ninguna ley. La persona ha de tener libertad para configurarse según sus propios deseos. De este modo, cada uno puede “inventarse” a sí mismo, eligiendo su propio género y su propia identidad y orientación sexual, con independencia de su sexo biológico. Hay otro aspecto a señalar: La ideología de género afirma que la reproducción humana debe ser totalmente libre, existiendo por lo tanto el derecho al aborto, y en contraposición, el “derecho al hijo”, por medio de las técnicas de reproducción artificial posibles, ya que la reproducción no es más que el resultado fortuito de algunos encuentros heterosexuales. Con esta antropología dualista, el sexo se separa de la persona. El sexo es considerado un mero dato anatómico, sin relevancia antropológica, que no habla de la persona ni de complementariedad alguna. Una mirada no ideologizada nos permitiría comprender, en cambio, el misterio de la creación, que se encuentra inscrito como una huella en el cuerpo sexuado. En esta dirección apuntan los más recientes hallazgos de la anatomía, fisiología, la embriología y las neurociencias. Urge hoy releer las catequesis de Juan Pablo II sobre la “teología del cuerpo”, y enseñar a “amar en la diferencia”. Juan Pablo II nos enseñó el significado esponsal que está inscrito en nuestro cuerpo. El cuerpo, en efecto, es mucho más que un envoltorio de la persona. Está cargado de un profundo significado simbólico y espiritual, que en nuestros días es urgente redescubrir. Por lo que respecta a la diferencia sexual, la misma palabra “diferencia” (dif-ferre) sugiere cómo en el amor el “yo” es llevado hacia el “tú” del otro sexo. El Cardenal Scola, en sus escritos sobre el “misterio nupcial”, ha demostrado que la separación arbitraria del amor, la diferencia sexual y la fecundidad tiene consecuencias muy destructivas para el ser humano y la sociedad. El hombre moderno que, con el ateísmo, intentó liberarse de Dios; y con el materialismo, intentó liberarse de su dimensión espiritual, con la ideología de género pretende liberarse de su “ser” cuerpo. De este modo, como señalaba Benedicto XVI, el hombre moderno quiere ser pura autonomía, quiere crearse a sí mismo y ser “dios”, y esto es metafísicamente imposible, ya que el hombre, al querer emanciparse de su cuerpo, de la esfera biológica, acaba por destruirse a sí mismo.
Con el deseo de que estas reflexiones hagan algún bien a mis lectores, para todos mi saludo fraterno y mi bendición.
 
+ Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla.

lunes, 3 de julio de 2017

Procesión del Corpus Christi 2017

Ofrecemos una breve galería de la procesión del Corpus Christi de Valencina de la Concepción, celebrada el pasado 18 de junio, a su paso por el altar montado por nuestra Hermandad.







Fotografías: Ana Belén Suárez Pérez.